
Edson David
Rodríguez Uribe
Final alternativo
Ya entendí toda la puta historia con Valentina
Ella sólo me quería para follar como parceros y yo me enamoré antes de follar y me tiré todo: la follada como parceros y mi enamorada sin sentido.
Después de eso, ella no me dejaba ir porque me había agarrado cariño, no lo suficiente para enamorarse, pero suficiente para decidir no follar para no lastimarme.
Y yo me quedé porque malinterpreté su cariño, pensé que tal vez ella sí quería una relación conmigo. Y a mí me podía más la cursilería que la arrechera, así que cuando me lo ofreció, yo no entendí.
Y en ese limbo duramos hasta hoy.
Ella me tiene cariño como el que se le tiene a un hámster. A veces es divertido verlo correr en su rueda pensando que va a llegar a algún lado. Ella se hacía al frente y yo corría como loco pensando que la iba a alcanzar. Pero realmente estaba en una rueda dentro de una jaula.
Y ella me miraba desde afuera y sonreía para darme ánimos. A veces me acariciaba un poco.
Y con eso fue suficiente para correr durante doce años. Claro, me ponía a correr un par de meses y luego me dejaba descansar un par de años. Cuando llegaba algo que realmente le interesaba, sólo le ponía una cobija a la jaula para que yo no viera nada. Y entre la oscuridad y el silencio, yo me quedaba dormido. Hasta que algún ruido fuerte en la habitación me despertara.
Así que me acercaba a las esquinas de la cobijita, por la que entraba un rayo de luz. Y, a lo lejos, veía figuras que se movían y jadeaban. Nunca entendí de qué se trataba. Lo veía pero no quería entenderlo.
Hasta que ella volteaba su rostro hacia mí y me clavaba sus ojos sin piedad. En ese momento, yo sabía que ella sabía que yo estaba mirando. Y que me dolía. Y nunca le importó.
Yo sentía como si clavara sus dedos en mi pecho.
Sin anestesia
Sin cortar
Solo enterrándolos hasta que la piel se rasgaba y los huesos crujían.
Y con las manos completamente adentro de mi pecho, la única penetración real que tuvimos, por cierto, la de sus dedos en mi pecho, empezaba a abrirlo como quien quiere abrir a las malas una puerta que intenta cerrarse.
Y sonreía y hacía ojitos de cariño mientras me abría el pecho sin asco. Viendo cómo se me reventaban los músculos y la sangre le escupía la cara. Viéndome las tripas palpitar y botar líquidos.
Para luego alejarse despacio
Sonreír una vez más
Y soplar un aliento frío
Frío
Helado
Que iba ralentizando el palpitar de cada órgano
Y que se instalaba en un corazón sobrecargado
Congelándolo sutilmente
Y helando todo a su vez
Sangre
Aire
Fluidos
Y hasta el ánima que trataba se salirse por la garganta y terminó haciendo un nudo que duele como una piedra.
Y ahí quedé yo
Roto
Congelado
Con la garganta tapada
Y con los ojos muy abiertos
Sin entender cómo no me di cuenta desde el principio. Y sin tener ni la más remota idea de cómo volver en el tiempo. Justo al momento en el que nos metimos a mi carro en el parqueadero de la Nacho, con minutos contados porque los dos teníamos clase.
Y haberle dicho:
-
Bueno, hable claro ¿sólo quiere follar o quiere una relación conmigo?
-
Pues, es que no sé que quiero - que es justamente lo que dijo toda la puta vida.
-
Listo, entonces usted y yo no volvemos a hablar hasta que lo sepa. Me avisa prontico, me hace favor. Porque usted me gusta para todo lo que se pueda hacer en esta vida, pero yo no me voy a complicar.
-
No, pero espera.
-
¿Ya supo?
-
Es que yo tengo novio.
-
Entonces no tiene nada que estar haciendo en este carro. O ¿a qué se subió?
-
A hablar y ya.
-
Eso era lo que estábamos haciendo en la cafetería.
-
Aajj, me voy, mejor.
-
Dios me la bendiga, mamita.
-
Grosero
Y ya, ahí se habría acabado la maricada.
Final alternativo: check
La próxima que me pregunten por ella, voy a decir que las cosas fueron así y que no volví a saber de la niña. Tal como me ha pasado con mil mujeres y ninguno de esos rechazos dolió más de 10 minutos.
Punto final.


