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Mi abismo

Me gustaría darte un abrazo, uno solo, largo y en silencio. Sentir por última vez el calor de tus brazos, el ritmo de tu respiración, el latido acelerado de tu corazón, el olor de tu cabello y de tu piel. Cerrar los ojos y volver por un instante al paraíso, respirar despacio y gozar cada segundo; alejarme sin prisa, mirarte a tus ojitos de madera, acariciar tu rostro y ver tu sonrisa, una sola vez más.

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Por supuesto, me encantaría recorrer tu piel en silencio, deteniéndome un segundo en cada poro aunque me tome la eternidad, pero esos privilegios no son míos.

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Han sido años extraños, no sé muy bien quién he sido: un amante furtivo de desconocidas, un amigo incondicional de rotas iguales a mí, un viajero sin lugar en el mundo, un profesor apasionado y loco... todos, ninguno. Mis estudiantes siempre me piden que les lea algo, y muchos de ellos ríen, lloran, se enojan, aman y odian con los textos escritos para ti. Eres la tinta de mi pluma, tal vez lo serás siempre.

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En el momento en el que la felicidad te invitó a mirar hacia adelante, entendí que estaba en el borde de un abismo. Tu silencio se convirtió en mi abismo. Y cada tanto tiempo se me hace necesario venir a liberarme de mis cargas, por eso te sigo escribiendo, aunque jamás escuche el eco de mis palabras.

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