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Moebius

Antes que nada, de mis reglas ortotipográficas me ocupo yo.

 

La primera vez que te vi, no tenías cédula, revoloteabas por todo lado hasta encontrar un lugar seguro, te posabas grácil, respirabas profundo, me lanzabas una mirada y sonreías y suspirabas al mismo tiempo.

 

Te vi crecer, volverte profesional, viajar por el mundo, tener mil aventuras, amar sin medida y apasionarte con tus locuras. Te rencontré mujer y me sorprendí, el revoloteo era mucho más sofisticado, casi entrenado; pero esta vez, la mirada atacaba sin piedad.

 

Un abrazo efusivo y un beso esquiniado, acompañados de un “¡qué rico verte!”

 

Atacabas con sutileza, comentarios, sonrisas, como un pantera al acecho, rodeando, minando, construyendo un territorio, para dejar caer una caricia involuntaria, un roce inesperado.

 

Y el contacto físico se va haciendo frecuente, cada vez más cercano. Y se me acelera la respiración y se me para el tiempo. Y en mi cabecita de homínido masculino no deconstruido, empiezo a pensar que quizá me quiere, que tal vez quiere tener algo conmigo; y si me animo qué, capaz que goleo.

 

Y me fui envalentonando un poco. Tú me miraste con los ojos bien abiertos, justo antes de cerrarlos para decirme algo al oído y hacer que se me ericen hasta los pelos de la barba que me afeité ayer.

 

Y yo voy acelerando de bajada en el barranco pensando en que me voy a volver mierda si me llego a enamorar de esta pendeja que debe tener docena y media de manes en el mismo plan (docena y media es una medida aleatoria que no refleja mi verdadera opinión).

 

Pero tú venías de frente y a la misma velocidad. Y yo pensé que si acelerábamos los dos tal vez no nos matábamos. Y empezó el show del patrón escribiendo textos románticos, regalando flores, invitando a cuanta chimbada le gustara a la niña.

 

Me desbordé de tal manera que tú quedaste pasmada, abrumada y empezaste a dar pasitos patrás; primero lentos, luego a las carreras y finalmente, siempre un paso más lejos de lo que yo puedo avanzar.

 

Recuerdan que yo iba avanzando en dirección del amor?

 

Pues empecé observándola, de lejos, con una curiosidad compartida; luego me la encontré grande y fuerte, con temas de qué hablar, con romances profundos y pasiones crecientes; hasta que empezamos a hablar, a hablar en serio, a conocernos, a ver qué había crecido en nosotros, en los dos.

 

Y pensar sin miedo ¿será? Yo debo estar muy loca para estar pensando meterme con este man, pues, la verdad es que siempre me gustó: era una vaina rara porque yo no le veía nada bonito, bueno, algo algo tenía, pero jamás me habría imaginado estar en éstas.

 

Yo recuerdo la primera vez que lo vi, él no se dio cuenta, pero yo lo vi caminando por ahí y me pareció tan raro, como que yo decía ¿este man tan feo por qué caminará con tanta confianza? ¿Sí me entiendes? Y la gente lo abrazaba y se reían un montón con él. Y yo decía como que man tan raro.

 

Y una vez me lo encontré de frente y me preguntó que cómo iba. Yo súper tranqui le respondí cualquier cosa. Y respondió con una pregunta que ya ni me acuerdo cuál es, pero que me dejó de una sola pieza, fría quedé. Me demoré un rato en entender qué era lo que me había dicho y pensé: “genio”.

 

Intercambiamos contactos y empezamos a chatear. No, amiga, tú no sabes lo que es la labia de este hijueputa, hasta en italiano te la echa. Habla de unas cosas que la ponen a una a pensar weas que uno rara vez piensa. Y luego tiene un sentido del humor más malo, él cree que es buenísimo pero es un hueso, pero se ríe con tantas ganas que dan ganas de reírse con él.

 

Entre que le cocinen a uno rico, le cuenten cosas raras, se lo bailen rico, lo consientan, yo creo que se lo voy a dar. Sí, sí, yo sé que tiene un poco de años más que yo, pero me consta que funciona bien y no preguntes nada. Además, mirándolo de frente no se necesita la bolsa.

 

Uy pero que le baje dos punticos con los textos románticos, las canciones, las flores, los viajes de fin de semana a Cartagena, los partidos de fútbol, las tardes de mi domingo con su familia y sus gran putas amiguitas, porque les echa el perro a todas, casi a todas, pues, a las que le gustan que no son todas, pero casi.

 

Y al final, nada, ni chicha ni limoná. Y el patético personaje de esta historia, siguió acelerando, una y otra vez, en muchas autopistas diferentes, en unas coronando su meta y en otras quedándose en el camino. Y ni él ni ella supieron nunca lo que el otro sentía.

 

Quite de acá, bobo marica, que yo nunca he tenido narrador en mis textos, vaya que lo contrate otro con su voz de trombón.

 

Bueno, les sigo contando, pues el amor con el que la perseguía se fue transformando, con el tiempo, con los desplantes, con imaginar que muchos otros pueden acceder a lo que me fue prometido, pero nunca se me dio, se fue transformando en una forma extraña de odio a aquello que amas.

 

Un odio dulce, un odio excitante, como cuando imagino que haces todo lo que me contaste que te gusta hacer, pero lo haces con otros y otras, y entre más me excito más me duele y entre más me duele más me excito. Y empiezo a construir una versión de ti que no eres tú, sino que son todas las mujeres con las que he tenido pasiones.

 

Y en tu rostro y en tu cuerpo se materializa un ser creado por mí y cuando sonríes, sonríen todas y cuando atacas, atacan todas. Y durante todo el texto dijiste “¿pero eso no fue conmigo? ¿Para quién será este texto?”. Pues es para ti, para esa mujer ¿la recuerdan? La que amé tanto que los límites mismos del amor lo convirtieron en odio, un amor odio, un amodio, unamodio.

 

El frío quema, la belleza y la fealdad se tocan en sus extremos, así como la riqueza y la pobreza, así como el bien y el mal, como nos enseñó la iglesia.

 

El amor y el odio también se tocan, y te amé tanto que te odio, un odio como cuando uno odia al sol que le pega a uno en la cara en una tarde de playa con brisa fresca. No puedes odiar al sol que te da todo lo que amas, pero no quieres la molestia en los ojos.

 

Se odia tanto que uno ama quién es por no parecerse a lo odiado. Lo odiado se convierte en inspiración, en el antagonista que me recuerda a dónde puedo ir a parar si no abro los ojos. Se odia tanto que uno termina amando.

 

Como la cinta de Moebius que tiene una sola cara pero dos también y si sigues avanzando llegarás al extremo opuesto de lo que estabas huyendo. Es tan bonito que se ve feo, es tan feo que se ve bonito. Es tan bobo que es inteligente, es tan inteligente que es bobo. Podría seguir toda la tarde, pero creo que la idea está clara.

 

Te amo tanto que te odio. Y cuando logro calmar mi alma y dejar de odiarte, recuerdo que te amo.

 

Te amodio,

 

E

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