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Picas y fijas

Hay gente que sólo quiere ver el mundo arder.

Tal vez es un negocio de las psicólogas y los psicoanalistas con los programadores de las redes sociales; los últimos les mandan clientes a los primeros.

 

Pero es que me acabo de dar cuenta de que encontré una puerta para explorar mi mente, más específicamente mi vida social y afectiva. Es tan simple como absurdo; durante un rato pensé en no escribir esta idea por miedo a su superficialidad.

 

Pero la curiosidad de recorrerla me ganó.

 

¿Alguna vez jugaron picas y fijas?

 

En caso de que no lo conozcan, es simple: se enfrentan dos personas, cada una con un papel en el que escribe cuatro números en cualquier orden. Y el otro debe adivinar exactamente qué números son y en qué orden están.

 

Digamos que yo escondo el número 1984 y la otra persona debe llegar a él en el menor número de intentos.

 

  • 4962

  • Una pica y una fija

  • 8192

  • Tres picas

  • 5829

  • Dos picas

 

Y así, hasta llegar al número que yo tengo. Gana el que lo logre en la menor cantidad de intentos. Y se vuelve más divertido si son dos contra dos, porque es muy difícil ponerse de acuerdo con el compañero para poner un número.

 

Bueno, pues acabo de encontrar el mismo juego en Instagram, pero con un potenciador macabro y es que no te dice si tienes picas y fijas, sino que estás tú solo moviendo números y posiciones, pero jamás sabes si sí es lo que estás pensando o si la vaina va totalmente por otro lado.

 

Y mi puta ansiedad me lleva a sobrepensar hasta generar un malestar que me encoge el trapecio y me cierra el párpado derecho inesperadamente. Si todavía no se la han pillado y quieren preservar su salud mental, no sigan leyendo.

 

Yo tampoco había visto eso en tantísimos años de usar la aplicación. Seguramente es porque uso esa red como álbum de fotos privado y lo que está en mi perfil público varía porque meto y saco cosas del archivo de vez en cuando.

 

Entonces nunca había visto las estadísticas de cada cosa que uno publica. Yo no sabía que ista nos muestra datos geográficos, grupos etarios, género, tiempo de reproducción, porcentaje de comentarios y todo eso.

 

Y hay que ser un distraído de mierda, un personaje macabro o un reverendo hijo de puta o de puto, para dejar una puerta abierta a la imaginación del usuario en medio de toda esa marejada de datos que tienen a les yutúberes calculando si muestran más o muestran menos.

 

Y, realmente, espero que me esté equivocando y que lo que estoy diciendo sea una estupidez. Y que alguien me responda diciendo:

 

  • Es por acá, imbécil.

 

Y yo dormiré tranquilo y quedaré muy agradecido.

 

O, lo más probable, es que me digan que no estaba equivocado, pero que debo duplicar los días de terapia porque se me corrió el champú.

 

Y también sería muy feliz si eso pasa.

 

Pero entre toda esa estadística, nos dicen quién pincha en “me gusta”, quién comenta y cuántas personas compartieron tu video. Pero no te dice quiénes.

 

Es una estupidez. Pero imagínense que dijera a cuántas personas les gustan sus publicaciones, pero no dijeran a quién. O si dijera cuántas personas comentan, pero no pudiéramos ver el comentario. Es la misma vaina.

 

A la gente con una salud mental estable, esto no le incumbe. No les importa si a alguien le gustan sus publicaciones, es más, ni publican, ni tienen redes sociales. Esa gente me parece una verraca, cuando sea grande quiero ser como elles.

 

Pero para los que sufrimos más de problemas de salud mental que física, o parejo, sería una pregunta constante porque entre los contactos hay afectos de todo tipo, relaciones abismalmente diferentes, atracciones, deseos, miedos. Y poner un número sin poner un nombre sería como jugar picas y fijas, pero sin decirte si vas bien o vas mal.

 

Ahórrense los comentarios del tipo:

 

  • Pero ¿por qué necesitas que otro te valide?

  • ¿Usted no debería estar leyendo para su doctorado?

  • ¡Qué tipo tan superficial!

 

Acompáñenme a darle una mirada de reojo a esa puerta que dejaron abierta los programadores, por distraídos, asumo yo:

 

Te dicen cuántos laiquis y quién te los dio.

Te dicen cuántos comentarios y podemos interactuar con ellos.

Te dicen cuántas veces compartieron tu video, pero no te dicen quién.

 

Katacaplás !!

Resuenan los tambores y los platillos.

 

Pues yo ando en una tarea constante de pensar en mí, seguramente por el ego: todo el tiempo estoy pensando en entrenarme para poder jugar fútbol y sentirme bien con mi cuerpo, todo el tiempo estoy tratando de aprender algo y darle alimento a mi mente, y todo el tiempo estoy movilizando muchísima energía social: hablo montones con la gente que amo para recargar las baterías y huyo de la gente que me quita energía y me hace sentir enojado o cansado.

 

Y desde que empecé a publicar allí los textos que escribo, me empezaron a llegar notificaciones cada vez que los videos se reproducen más de 500 veces, más de 1000 y así. Y luego de escribir un texto en el que dreno mi locura, me parece interesante ver si llega a alguien más, si alguien se emociona, se ríe, llora o me putea. Unas pocas personas me escriben algo y me siento feliz de saber que alguien se conmovió con lo que escribí.

 

Ahora, hace unos días publiqué un video inusual. No acostumbro subir videos haciendo ejercicio. No me avergüenzo, pero prefiero evitar malas vibras. Y, en esta oportunidad, encontré un audio divertido para cuarentones y pensé que era mi señal para publicarlo.

 

Dos o tres personas lo comentaron y me alegró volver a charlar con ellos. Seguramente lo archivaré pronto, pero me pareció curioso que lo compartieran. Es una bobada, es el ego, es la curiosidad, son las picas y las fijas sin respuesta ¿quién lo compartió? ¿Por qué alguien compartiría eso? Son preguntas tontas que sirvieron como puertas pa mirar padentro.

 

No me importa la respuesta real, o me importa menos de lo que me importa mi propia respuesta. Como si yo supiera quién lo compartió, de inmediato vinieron dos nombres a mi cabeza, pero no hay una voz del otro lado que me diga:

 

  • Una pica y cero fijas

 

Y así pueda saber quién a ver si respondo el porqué. Y la gente sana dirá que tan frágil el adolescente. Pero la gente ansiosa irá a ver si sus videos han sido compartidos y pensarán en quién lo hizo. Claro, los que tenemos números pequeños, tres o cinco, porque los que son compartidos por miles, no se preguntarán nunca quién sino cuántos.

 

Y digo que esta versión de picas y fijas istagramianas (que no tiene nada que ver con Gramsci, pero pareciera) dejó la puerta abierta para que indaguemos en nuestro propio subconsciente, que deja de serlo por un rato mientras decimos vainas como Ya sé, eso fue ésta que no me quiere ni cinco para decirle a la amiga: “míralo, se cree lindo el hijueputa”.

 

  • 5922

 

Y uno lanza cualquier número para empezar el juego, pero como no tiene respuesta, lanza otro totalmente diferente y otro más. Y sin darnos cuenta, estamos pensando en los afectos que nos producen nuestras relaciones sociales: pensamos en quién tendría la más mínima razón para compartir un video tuyo a alguien más. ¿De quién a quién y por qué?

 

Bueno, por eso se llama red, una red de afectos en la que uno queda atrapado. Y te vende la cara bonita de ser parte de algo, de estar interconectado con el mundo, actualizado y en la mira de los demás. Pero no te dice que te va a zarandear como a un colador a punta de afectos lindos y feos.

 

No te dice que es gratis, no porque tú eres el producto que les regala sus datos sino porque eres el adicto que necesita estar siempre conectado.

 

Tal vez soy el único que se pregunta eso y a nadie más le causa curiosidad. Pero es que me llegó la notificación de las 500 reproducciones, luego me causó curiosidad ver que lo habían compartido y me sentí muy tonto tratando de ver quién lo había hecho y no pude.

 

Luego me sentí todavía más tonto pensando en quién pudo haberlo hecho y por qué. Ahora mismo me siento tonto pensando en que este despiste es una puerta a nuestra mente, a ver de frente nuestros deseos o nuestros miedos.

 

Y me sentiré aún más tonto cuando alguien me diga cómo verlos, cosa que yo no sabía por mi condición de analfabeta digital.

 

  • Viejito, sólo tiene que pinchar aquí y ya sabe quién, ahora, el porqué sí le toca averiguarlo con su terapeuta.

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