
Edson David
Licencia de teletransportación
La tecnología va a mil: ya hay robots construyendo otros robots. Lentamente, los humanos estamos siendo relegados a las pocas tareas que las máquinas no pueden cumplir. Es cuestión de tiempo para que nos preguntemos ¿qué puede hacer un ser humano que no pueda hacer una máquina?
Creo que todo será medianamente manejable hasta que tengamos teletransportación como derecho fundamental de la humanidad, independiente de sus costos. Aunque todavía estamos luchando por agua potable y alfabetización, lo que demuestra que no todo el planeta vive en el mismo siglo.
Pero, al ritmo al que vamos, la teletransportación será el límite de la cordura. Primero serán los trillonarios, Musk y su parche de amiguitos, jugando a brincar en el espacio sin convertirse en moscas gigantes. Será una competencia entre brincar primero en el espacio o en el tiempo. Los físicos y los ingenieros trabajando a doble turno, mientras que los filósofos se desgarrarán la garganta en redes sociales tratando de advertir que vulnerar nuestras dimensiones significará el colapso de nuestra civilización.
Y pasará, como ha pasado todo hasta ahora, sin permiso y de mano de los más acaudalados. Luego se volverá un privilegio de las clases dominantes y de los países que viven en el futuro. Los problemas de los millonarios consistirán en la logística de visitar tres o cinco países en un solo día:
-
Amor, ¿te parece bien si desayunamos en Grecia? Rico un platito de frutas frente al Mediterráneo.
-
Uy sí, pero ¿que te parece si, antes, nos tomamos un cafecito en Salento? Y luego sí desayunamos rico en Mikonos.
-
Me encanta. ¿Sabes? Tengo ganas de una caminadita de media mañana en los lagos de Bariloche, aprovechando la primavera del sur.
-
Uff, deli, pero recuerda que tenemos almuerzo en Nueva York con las muchachas.
-
Sí sí, como por contrastar la ciudad con la montaña, justamente.
-
Deli, vamos. Cielo, me dirás caprichosa, pero hace rato tengo ganas de un atardecer en Roma. ¿Vamos hoy?
-
Pero, por supuesto, sería incapaz de decirle que no a un atardecer en Roma contigo. Eso sí, desde i giardini borghesi para ver al Popolo pintándose de ocre.
-
Hecho ¿y la cena? ¿Nos quedamos en Roma?
-
No, amor, cenemos con los viejos en Noruega. Es temporada de auroras ¿vamos?
-
Sí a todo.
¡Qué agotadora la vida de los ricos que podrán teletransportarse sin restricción!
La clase media estará pagando planes de teletransportación a cuotas con el recibo del teléfono o la electricidad. Seguramente para regalarle el viaje de 15 a la nena. Y los pobres estaremos hablando de lo chévere que sería teletransportarse, pero no sabríamos ni a dónde, y como sería medio impagable para nosotros, tendríamos que conformarnos con la realidad aumentada, los lentes de contacto con internet y el cine de 8D.
Eso sí, tendríamos representantes políticos que nos comprarían a cambio de un chip con información actualizable a un módico precio y nos prometerían que van a impulsar la ley de la teletransportación para todos, bajo el proyecto: Teledemocrática.
Seamos realistas, sería imposible que todos tuviéramos acceso a todo sin restricciones. A Nueva York, París y Roma ya no les cabe ni un alma. Si todos pudiéramos teletransportarnos sin restricción, colapsarían las nociones mismas de soberanía de estado, frontera, migración, local y extranjero. Seríamos como la portada de una revista Atalaya o Despertad, abrazando leones y gente blanca.
A lo sumo, los pobres podríamos tener un día al año de teletransportación si restricción: una licencia de teletransportación por fuerza mayor: enfermedad, paternidad, muerte o celebración.
Y si así fuera, yo pediría la mía para celebrar tu cumpleaños. Un día al año a tu lado es motivación suficiente para usar mi licencia. Aprovecharía para escucharte hablar por horas, para ver cómo se te ilumina el rostro de felicidad y cómo sonríes con los ojos. Podríamos caminar despacio en la noche de Cartagena o jugar con motos acuáticas en el mar Báltico.
¿Qué tal si cabalgamos en la tarde por las montañas de Nueva Zelanda? O ¿buceamos con tiburones en el Caribe?
Te invito a soñar.
Soñar con que las cosas hermosas de tu vida actual sigan siendo igual de bellas.
Soñar con que las personas que amas disfruten siempre de salud y felicidad.
Soñar con que tus proyectos más ambiciosos sean mil veces más grandes de lo que imaginas.
Soñar con un domingo en la tarde, preparando comidita para ver una peli en casa, arrunchada a la persona que elijas para compartir tu vida.
Se vale soñar.
Te regalo un ticket que puedes canjear por un gran sueño.
Deseo que tu corazón encuentre a esa persona capaz de darle todo el amor que se merece, sin límite ni medida; deseo que tus brazos encuentren el hogar en brazos de alguien que te vea como lo que eres: un tesoro invaluable que está listo para compartir todo el amor del que estás hecha.
Feliz cumpleaños, mi amor.