
Edson David
Nobody talks in NYC
Fue un grito que interrumpió un audio que le estaba enviando a Ronald.
Estaba feliz contándole mis sensaciones del partido del domingo, mi forma de afontarlo y de disfrutarlo.
Un momento hermoso de esos que a veces tenemos con nuestros hermanos. Tan íntimos que sabemos la cara que está haciendo el otro. Tenemos la certeza de que se va a reír cuando nos escuche.
En eso estaba, cuando llegó un tipo gritando cosas que no entendí.
Corté el audio y me dediqué a escuchar. Escuché pero no entendí. A ratos entendía BOMB, a ratos TROMP.
Negro de unos cuarenta años, crespo donde tenía pelo, como los frenspudel. La camisa fue blanca en los noventas y el pantalón era más viejo y sucio.
No olía a nada. Es extraño que no recuerde su olor porque el impacto olfativo suele ser fuerte. Pasó arrastrando un par de chanclas que no vi pero de cuyo sonido tengo el recuerdo: las arrastraba.
Lea una vez más el párrafo anterior y luego siga.
Es que me quedó lindo ese párrafo. Disculpe la interrupción, puede continuar.
Alguien desde el otro lado del vagón le gritó como amenazándolo para que se callara. Era un muchacho joven, vestido como un rapero elegante. Algo así como una babucha gigante de color azul celeste con visos morados. Tenía algo de oro en el cuello y sonrisa bonita.
Ante el grito, el viejo volvió gritando cosas y, una vez más, no entendí; hasta que me miró de frente, como si estuviera rompiendo la cuarta pared.
Me habló tan despacio y tan a mí que lo entendí como si lo dijera en español:
Nobody talks in NYC.
Y luego siguió gritando cosas que no comprendí más que BOMB o TROMP.
Y la imagen de este man hablándome de frente se repite en un loop que yo he visto en un espejo cada día desde que llegué.
Nobody talks in NYC
Nobody talks in NYC
Nobody talks in NYC
Y levanto la cara en este mismo instante, minutos después del incidente y todos y cada uno de los veinte pasajeros hacemos nuestro mayor esfuerzo por alejarnos de los demás.
Cada uno en sus cosas
Cada uno en su celular
Cada uno en su libro
Cada uno en su viaje
Y sí, obvio, me dirán los tres de siempre.
Pero, a mí no me parece obvio que una persona se salga del sistema (dejó de comprar cosas para la casa, ropa nueva para la oficina y carro lindo) y, desde su posición marginal, entre a un vagón con veinte personas a gritar que nadie le habla. Y a gritarlo con dolor. Eso no me parece obvio.
Nobody talks in NYC
Gritado con desesperación, mirándome directamente a los ojos. Y no fui capaz de respóndele nada.
Yo sé que suena gracioso, pero es aterrador: ese hombre estaba gritando que nadie habla, me lo gritó en la cara y no fui capaz de abrir la boca para responderle nada.
No sé si les provoque risa o indiferencia, pero a mí me tiene atacado llorando como un niño, en el metro, rodeado de un montón de gente.
Cada uno en sus cosas
Cada uno en su celular
Cada uno en su libro
Cada uno en su viaje
Y yo soy un privilegiado: tengo una red de apoyo hermosa al alcance de un guasap. Les agradezco de corazón a todas y todos.
Pero pienso en cuántas personas cercanas pueden sentirse como ese viejo que me gritó en la cara.
Por fa, si alguien no la está pasando lindo, pégueme un grito y charlamos. Yo no voy a decir nada útil, pero sé escuchar.
Se les quiere ¡!