
Edson David
Yuyo
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Parce, ¿cómo va la vida?
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Todo bien, chinita, trabajando mucho ¿Cómo van tus cosas?
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Bien bien, ya estoy en USA, todo bien. Bueno, por ahí la última semana en Colombia tuve un par de momentos medio incómodos, pero todo bien.
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Y ¿eso? ¿Qué pasó?
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Una conversación maluca con un tipo que decía que el lenguaje inclusivo era una estupidez, con unos argumentos que no daban ni risa. Y yo estaba muy bajita de energía y no tenía ganas de pelea, así que no dije muchas cosas y ando con ese malestar.
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Ay, parce, te entiendo bien, yo trato de evitar la conversación.
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Sí, yo sé, pero estaba tan insistente que debí haberle dicho todo lo que pienso, pero estaba mamada y ahora estoy fastidiada. ¿Qué haces tú en esas situaciones?
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Evitar tanto como puedo, yo qué mierdas tengo que estar hablando de eso. Mi posicionalidad es una de las peores para opinar sobre el tema: hombre, adulto que vive en el corazón del imperio y siempre ha tenido los privilegios del patriacado, todo menos plata, hasta ahora jajajaja ojalá eso cambie pronto.
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Jajajaja, sí, parce, necesitamos plata. jajajaja
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Ni lo digas.
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Y cuando te toca opinar ¿qué haces?
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Pues, digo lo que pienso, no sin antes dejar claro que a mí no me corresponde hablar del tema.
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A ver
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¿Qué?
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jajajajaja, tan bobo. habla.
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Pues, lo que pienso es que las personas monolingües o las bilingües que tienen el español como lengua materna y aprendieron el inglés, si es que a eso se le puede llamar bilingüismo, tienen un espectro de representación del mundo que es, perdóname la ñoñada, en términos de regímenes de normatividad lingüística y estandarización, centrípeto. Entonces, la fuerza va hacia el centro y el centro es el estándar. Y en el estándar están los Diccionarios.
Eso es normatividad, básicamente, así funciona la normatividad. Entonces hay que ver cómo se distribuyen las autoridades lingüísticas para poder ejercer la normatividad. Es decir: quién define cuál es el centro hacia el que apuntan las prácticas lingüísticas.
Entonces las personas que son monolingües o bilingües español-inglés, sobre todo si tienen estudios universitarios, si son parte de una sistema académico de cualquier área, tratan de respetar la norma lingüística hegemónica: la mayoría trata de no decir “haiga” o cosas así.
Como si eso fuera algo importante: “uish, dijo haiga y tatsi” como si esas cosas fueras importantes en la materialidad sonora, pero no, son vibraciones en un espectro que le representan a uno algo. Pero, socialmente, hay toda una estructura de significados. Entonces esta gente está muy metida dentro de esa semiósfera.
Y, pues, son los que defienden la pureza de la lengua y toda pureza de la lengua va de la mano con una pureza de la raza, porque es que las lenguas mutan cuando las personas se mezclan con quien no se deben mezclar. Y entonces se configura un discurso de purismo. Y el problema del purismo es el nacionalismo. Es decir, “nosotros tres somos ” entonces nosotros merecemos más, debemos ganar más, somos más bonitos dado que la norma de belleza soy yo porque soy el puro.
Y entonces, todos nosotros, latinoamericanos tendemos hacia el centro normativo europeo, colonial, capitalista, patriarcal, inevitablemente, porque el sistema nos empuja: el sistema educativo funciona así y nos obliga a aprender inglés y publicar en revistas para que nuestro conocimiento sea válido, el sistema político funciona así definiendo las directrices educativas de los países y decidiendo cuánto dinero se invierte en educación, hasta el sistema comunicativo más democrático: en las redes sociales hay un juego de poder sociolingüístico para decidir quién debe normar sobre las lenguas.
Entonces, como ya sé que mi interlocutor tiene, muy probablemente, un marco así, entonces evito meterme en la discusión. Ahora, si me toca meterme, utilizo dos o tres argumentos de un par de minutos y , con eso, trato de mostrar desde qué marcos de pensamiento se construyen ciertas ideas y ya.
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Y ¿usted qué piensa del lenguaje inclusivo?
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A mí me parece bien. Muchas lenguas son así: el latín era así, por eso tenemos palabras que terminan en e, como inteligente. Uno no dice inteligento. Y no por ser inteligente es marica o no binario, no. Lo llamaban neutro. Los géneros gramaticales eran masculino, femenino y neutro. El alemán lo mantiene. Es más, el danés lo acaba de incluir en sus libros de enseñanza de la lengua a niños y a extranjeros: metieron Hen como pronombre no binario. Entonces son formas de representación del mundo, me parece bien, yo sí creo que sería chévere ese cambio.
Y ya, para la lingüística formalista, con eso es suficiente. Ahora, si no es suficiente, uno un poco más atrevido, tal vez:
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Lo que pasa es que lengua no existe, no existe él ni ella. Ninguno de los dos existe, nos los inventamos. Así como nos tocó inventarnos la palabra wasapiar o gugliar, esas tocó inventárselas, no existían. Y se la inventan mal, porque les dicen guasapear y googlear, y la gente no dice así.
Y recuerdo que la gente peliaba “pero ¿cómo van a decir guasapear?” meeehh, toel mundo lo dice. Así como también dice y pala casa. Entonces hay unas autoridades económicas, políticas y lingüísticas que dicen “la forma correcta es para la casa, pero las hablas vulgares y populares, por un fenónemo de economía lingüística, dicen pala casa”.
Entonces hacen estudios y deciden cuál es la forma correcta y cuál es la incorrecta. Entonces de aquí a mañana sube de presidente una persona trans o la comunidad gana fuerza en el congreso y se aprueba que todos los diccionarios y libros de enseñanza del español incluyan elle. Y será considerado correcto y ya. Y eso sólo depende de cuánta plata produzca la comunidad que usa esas formas, porque uno no dice signalear porque signal no produce lo que produce wasap.
Y es perfectamente posible, ya tenemos a Brigitte Baptiste como rectora de la EAN y es brillante. Brillante. Les recomiendo, si se animan, una conversación que está en Yutú entre Brigitte y Paul B. Preciado, autor, trans, por supuesto, autor de libros como Un apartamento en Urano. Una genialidad que nos ayuda a entender que todas nuestras categorías de comprensión del mundo fueron creadas por personas como tú y como yo: lo masculino y lo femenino. Y lo masculino asociado a fuerza, a provisión económica y cosas así… la sociedad en la que vivimos fue construída por personas con un conocimiento del mundo, ni mejor ni peor que el nuestro. Y ese conocimiento puede cambiar cualquier día. El último premio nobel de medicina va a cambiar todo lo que sabemos del cerebro, por no ir muy lejos. Optogenética, pa que busques.
Vamos a ver qué ideas se construyeron los árabes que le asignan un valor a la mujer, casi que un valor económico explítico ¿y su autonomía y los derechos sobre su propio cuerpo? Naranjas, la mujer en las comunidades fundamentalistas está mucho más objetualizada en que occidente. Es “correcto” lapidar una mujer: entre muchos hombres, machos bien varones, agarran a piedra a una mujer indefensa hasta matarla en caso de que ella haya sido infiel. Ah, pero el patrón de cuarenta años sí se puede casar con una niña de doce. Bueno, hace unos pocos años, los movimientos humanitarios y feministas pudieron intervenir; porque el orden de lo correcto y lo incorrecto en las prácticas sociales y en el lenguaje es inventado.
Y si quedan ganas de un tercer argumento, ya no lingüístico ni sociopolítico, uno más elemental, es tan simple como preguntarles ¿Qué es un yuyo? Es algo que existe en el mundo real, existe. Si la persona no sabe qué es un yuyo, capaz que le ha pasado por encima, le ha puesto el pie encima y ni se ha enterado de que pisó un yuyo.
¿Y cuál es el problema de no saberlo?
Pues que, como bien lo dijo nuestro querido Wittgeinstein, los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. Y si yo no sé que existe la palabra yuyo es porque no sé que existen los yuyos, porque no los diferencio de otra cosa. Y entonces, les puedo poner el pie encima. Si pa mí sólo hay él y ella , pero no hay elle, no lo puedo diferenciar. Tiene que existir para que yo lo diferencie de otro: blanco, negro, hombre, mujer, judío, musulmán, cristiano, gordo, flaco, calvo, peludo.
Nos identifica la diferencia: nadie se presenta diciendo "Hola, yo soy terrícola". ¡Qué miedo! si me dicen eso eso, yo pregunto "¿acaso quién no lo es?" ¿Cierto? Cuando yo estoy en Colombia, a nadie le digo "Hola, soy colombiano". Pues es que si estamos rumbeando en Bogotá, va a ser muy difícil que alguien no se pille mi acento rolo y nuestra inconfundible forma de bailar. Pero aquí, trabajando en Nueva York, lo primero que tengo que decir es "Mucho gusto, soy colombiano". Porque soy diferente de quien me escucha. Y cuando me reconocen, me dicen:
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Ay, tú eres el colombiano ¿Colombia es diferente de Mexico, cierto? Perdón por no saber.
Pasa mucho y no tienen porque saber. Y cuando saben, se siente chévere que dejen de pedirme que pepare tacos o guacamole.
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Ah, ¿tú eres elle? Que es diferente de él y de ella.
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Sí es diferente.
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Uy, por fa, ayúdame a entender la diferencia, perdón por no saber.
Y ahí hay toda una construcción enorme. Sólo occidente lleva más de cincuenta años dándole durísimo a esa conversación. De inmediato pienso en Judith Buttler y los cuerpos que importan.
Tú ves el cuerpo de otra persona y le asignas un valor a ese cuerpo:
Ta buena, ta bueno
Ta gorda, ta gordo, tiene menos valor
Está deforme, eso no vale una mierda ese cuerpo
Está intervenido, se puso tetas
La sociedad le asigna valor a los cuerpos mediante estereotipos de belleza e ideales de salud. Y ese valor impacta todas las relaciones sociales e incluso la propia estima. Y se construyen estereotipos sociales sobre los cuerpos:
Uy no, mire esa vieja toda operada parece una barbie ¿yo qué voy a tener que hablar con esa vieja? Ojalá me sorprenda.
No, ¿yo qué voy a hablar de autocontrol y disciplina con este gordoe mierda que no cierra la jeta y se la pasa tragando toel tiempo.
Entonces, los individuos cargamos unas ideas construidas socialmente sobre los cuerpos de las personas y descargamos sobre las palabras nuestra aceptación del otro: si le digo gordo al gordo para insultarlo, descargo mi juicio sobre su cuerpo en la palabra y se la digo de forma despectiva para que sienta mi desaprobación sobre su ser. Pero se lo puedo decir porque la palabra existe.
Pero a elle no le puedo decir elle ni pa insultarle porque si no reconozco su existencia le puedo pisar como si fuera un yuyo y ni cuenta me doy.